Crónica, E-bikes

Mi experiencia anual en una bici eléctrica Cube incluyó viajar de noche entre San José y Cartago

Bicicleta eléctrica Cube en medio de la neblina de Dulce Nombre de La Unión

Por el periodista Osvaldo Calderón.
Contacto: ocabo86@gmail.com

Siempre he pedaleado montañera y rutera. Soy de los que reciben un “jale a cletear” como una invitación a querer disfrutar de una mejor salud. Nunca pregunto la cantidad de kilómetros ni la topografía. Solo sé que lo que viene será felicidad.

Antes de iniciar con esta crónica, quiero escribir que lo recomendable en ciclismo como forma de movilidad urbana–sostenible o recreativa es, y será, viajar con la luz del sol por motivos tan básicos como que conductores de otros vehículos nos vean y eviten atropellarnos. Punto y seguido.

Un selfie a mi sombra al atardecer en el paradisíaco Dulce Nombre de La Unión. Fotografía: Osvaldo Calderón

No recomiendo hacerlo de noche en Costa Rica porque: (1) carecemos de ciclovías e (2) iluminación artificial adecuada, (3) la poca educación vial crece despacio y, lamentablemente, (4) existe mucha delincuencia.

Sin embargo, a veces toca hacerlo… ¡Y me tocó!

Focos encendidos de la bicicleta Cube eléctrica en medio de la neblina en calle La Molina, Dulce Nombre, La Unión. Fotografía: Osvaldo Calderón

Por ejemplo, en la actualidad se eleva el número de personas que optan por entregar comida en bicicleta como medio para llevar dinero y alimento al hogar. Sus mejores horarios son nocturnos.

En ocasiones, y como me sucedió a mí, tenía un horario que me permitía salir de la oficina a las 4:00 p. m. desde el cantón de Tibás, recorrer 30 kilómetros exactos, tomar fotos bonitas, y llegar —sin ningún imprevisto— a El Guarco con lo último de la luz natural.

Cafetal a un costado de la calle Martínez, Dulce Nombre de La Unión. Al fondo, los cerros de la Carpintera que dividen al Valle Central en Oriental (Cartago, a la izquierda) y Occidental (San José, Heredia y Alajuela). Fotografía: Osvaldo Calderón

El pedaleo asistido por electricidad me permitía regresar a casa en una hora y 15 minutos (tardaba dos horas cuando lo hacía en una de ruta). No obstante, de vez en cuando se me pinchaba un neumático.

Eran esos benditos clavos los que básicamente me convertían en un ‘atrevido’ ciclista nocturno, ya que me demoraba un buen rato en la reparación y la noche me alcanzaba a medio camino. Pero siempre vestía prendas reflectivas y portaba luces tipo led para ver el trayecto y para que me vieran. Como en el siguiente video (perdonen la baja calidad).

Video:

Por las cercanías del Parque Ambiental Río Loro, Ochomogo de Cartago.

He leído comentarios de quienes muestran interés por el recorrido que usé durante el 2019 para devolverme por las tardes —de San José a Cartago— y lo que debo decir es que no: ¡no usé la interamericana!

Los estudios topográficos fueron los responsables de definir la actual carretera Florencio del Castillo como la más apta en inclinación para soportar el flujo de vehículos de combustión fósil a altas velocidades. Sin carros, esa vía es de ensueño para viajar en bicicleta entre las dos ciudades.

Rutas que usé en 2019 al amanecer: 

Salía del distrito de El Tejar a las 5:45 a. m. con rumbo a Metrocentro. Tomaba la ruta que lleva a Taras y me desviaba a Quircot para pasar detrás de Ochomogo.

Estando allá arriba, elegía de entre dos opciones: (1) bajar a Recope y utilizar el tramo permitido —60 km/h— de la carretera Florencio del Castillo hasta la entrada a San Rafael de La Unión, o (2) continuar mi destino por La Angelina–Dulce Nombre.

Una vez en Tres Ríos, tomaba carretera vieja para llegar al cruce de La Galera, seguir por Curridabat, Los Yoses, barrio Escalante, Calle Blancos (por Amazon) y Llorente.

Al inicio, cuando no me desviaba por Quircot, atravesaba Taras y subía por la delegación de la Policía de Tránsito en Ochomogo hasta la entrada a San Rafael de La Unión. Repito, todo ese tramo es permitido por el inciso e del artículo 119 de la Ley de Tránsito. Incluso, varios oficiales me preguntaban qué dónde podía conseguir una bici Cube como esta, ya que se sentían atraídos. ¿Quién no?

Esta es una de las bicicletas eléctricas Cube año 2019. Fotografía: Osvaldo Calderón

Rutas que usé en 2019 al atardecer:

Salía de Llorente, luego de nueve horas como comunicador digital, pasaba por el PriceSmart de Chile Perro y por los Colegios. Bajaba a Guadalupe y subía la cuesta que lleva a Sabanilla y San Rafael de Montes de Oca.

Al llegar a un cruce decidía entre dos opciones: (1) a la izquierda, San Ramón de La Unión para bajar a Dulce Nombre; (2) a la derecha, jugaba con los columpios de las Rusias para visualizar Concepción, Tres Ríos y Dulce Nombre.

Una vez en ‘Dulce’, subía la empinada y angosta calle Martínez–La Molina, utilizada como parte del inicio de la segunda etapa de la Ruta de los Conquistadores.

San José, al fondo, visto desde calle La Molina, en Dulce Nombre de La Unión. Fotografía: Osvaldo Calderón

Bien… Pedaleaba por La Angelina y bordeaba la parte trasera de Recope, justo antes de llegar a Quircot. Ya, en ese punto, bajaba a Taras y me encaminaba a El Guarco. 

Bici de ruta.

Entre 2015 y 2018 acostumbré hacer estos recorridos en bicicleta de ruta para viajar de la casa al trabajo, ida y vuelta, de manera ocasional, pero no podía más de tres días a la semana, ya que era muy agotador para mí.

Mi antigua bicicleta de ruta me enseñó a andar por Costa Rica. Fotografía: Osvaldo Calderón

Los pedaleaba en días lunes, miércoles y viernes. Los martes y jueves los cambiaba por transporte colectivo o carro para recuperar fuerzas.

Es por ello que quiero explicar los beneficios obtenidos del ciclismo como forma de movilidad urbana y qué mejor que haberlo hecho con este “avión eléctrico” marca Cube–Bosch.

Beneficios de la bicicleta eléctrica Cube:

  1. Su inversión se retribuye con el ahorro de evitar los combustibles fósiles. Ronda los US $4.000.
  2. En 2019, utilicé esta e-bike como experimento para demostrar que el carro podía quedarse en casa y, de esa forma, realizar actividad física en los largos tiempos de desplazamientos de lunes a viernes. O sea, cambié las presas por deporte. Ahora sí tenía tiempo para ejercitarme.  
  3. Usar bici eléctrica no es como “bañarse con paraguas y capa”, dijo alguien por ahí. Hay que pedalear todo el rato. Las piernas y pulmones van agarrando ritmo y las cuestas se perciben ligeramente difíciles.
  4. Mis piernas volvieron a tornarse fuertes.
  5. Se puede viajar con ropa del trabajo y no sudar tanto.
  6. Es una gran ayuda para convertir a alguna persona sedentaria en alguien con mejores capacidades físicas.
  7. No es hacer trampa, es ayudar al ambiente y disminuir el estrés en la sociedad.
  8. Si bien recomendé no pedalear de noche, la bici eléctrica Cube se caracteriza por tener pintura reflectiva y excelentes focos trasero y delantero. Súmenle un foco en el casco y listo.
  9. Una buena capa nos evita un resfriado. Por lo demás, esta bicicleta aguanta toda la lluvia que quiera dejarse venir contra nosotros.
El agua no le hace ni cosquillas a la Cube eléctrica. Imagen capturada frente al barrio Holandés, en San Rafael de Montes de Oca. Fotografía: Osvaldo Calderón

Por dicha, solo tuve inconvenientes relacionados con pinchaduras de neumáticos y mucha hambre luego de los desplazamientos.

Fin.

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